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yo quería ser jesuita. Bromeo diciendo que quise ser jesuita una vez, como por 10 minutos. No tengo nada contra los jesuitas, simplemente tenía un llamado distinto: yo de verdad me sentía llamado a una parroquia y a una diócesis. No me sentía llamado a formar parte de una comunidad reli- giosa. Parte de eso era que veía que a los jesuitas más talentosos los ponían a cargo de otros jesuitas, lo cual ayu- daba a su comunidad, pero siempre pensé que quizá esos dones debían ponerse al servicio de la Iglesia de manera más amplia. En mi primer año me reuní con el director de vocaciones, que estaba en la ciudad, y le dije: "Creo que estoy lla- mado a ser sacerdote, pero no jesuita, sino sacerdote diocesano". Así que cada semestre su director de vocacio- nes venía y me invitaba a comer para hablar del sacerdocio diocesano. De ellos aprendía a rezar y a discernir. Hice varios retiros de cinco y de ocho días con los jesuitas. Además, aprendí a pensar. Bromeé con que el primer examen de teología que presenté como estu- diante de primer año lo contesté per- fectamente y, cuando el profesor me lo devolvió, tenía una B. Me dijo: "Yo ya sé lo que pienso. Quiero saber qué piensas tú". Y pensé: "Bueno, esto es diferente. No se trata solo de repetir lo que escuché decir a alguien más. De verdad tengo que reflexionar sobre esto". Aprecié mucho esas cosas. He aprendido de verdad que yo no elijo. Necesito escuchar qué quiere Dios para mí. Y eso es distinto. Eso les pido a mis sacerdotes: quiero saber qué piensan, pero, más aún, qué creen que Dios quiere de ustedes. Mis últimos cuatro nombramientos son cosas que yo nunca habría elegido por mí. Pero sentí con mucha claridad que Dios quería eso, así que tenía que decir que sí. Y dije esto en la rueda de prensa del 7 de febrero: cada vez que uno dice sí, Dios lo prepara para el siguiente sí. Yo nunca habría escogido Denver, pero estoy muy agradecido de que Dios la haya elegido para mí y no veo la hora de descubrir lo que tiene preparado para nosotros. EL PUEBLO CATÓLICO | EDICIÓN ESPECIAL 14 Cada vez que uno dice sí, Dios lo prepara para el siguiente sí. Yo nunca habría escogido Denver, pero estoy muy agradecido de que Dios la haya elegido para mí y no veo la hora de descubrir lo que tiene preparado para nosotros". El padre Golka se mostraba feliz de colaborar en todo lo que pudiera, llegando incluso a arbitrar partidos de fútbol americano de preparatoria en el 2005.

