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2026_EPC Magazine_Archbishop Golka

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EPC: ¿Cuándo sintió por primera vez el llamado al sacerdocio y qué le ayudó a responder a ese llamado? +Golka: Cuando estaba en octavo grado, mi hermano, el segundo mayor, entró al seminario. Era uno de mis héroes. Pensé que si él podía hacerlo, yo también podía. Él salió del discer- nimiento al final de un año, pero en mí se quedó esa curiosidad. Fui a visitarlo una semana mien- tras estaba en el seminario [Seminario St. John Vianney, en St. Paul, Minne- sota]. Durante la visita pensé: "Con estas personas me identifico; quizá esto es a lo que estoy llamado". Cuando me gradué de la prepa- ratoria, todavía no estaba listo para el seminario. Yo quería tener hijos y casarme por el ejemplo de mi mamá y mi papá. Así que fui a la Universidad Creighton [en Omaha, Nebraska]. Quería asistir a una escuela católica para estudiar teología y filosofía. Pensé que o bien haría un doctorado y daría clases en la universidad, o regresaría para enseñar teología en una preparatoria católica y entrenar deportes, que era lo que hacía uno de mis hermanos. Pensé que me encan- taría hacer eso o ser sacerdote. Me alegra haber ido a Creighton porque tuve muchas experiencias de vida. Me enamoré de una novia con la que me habría podido casar, pero sentía que mi llamado estaba en otra parte. EPC: Usted estudió en la Universidad Creighton y, después de graduarse, sirvió un año en el Cuerpo de Voluntarios Jesuitas, trabajando en la reserva de Pine Ridge, en Dakota del Sur. Hábleme de sus años universitarios y de su experiencia misionera. +Golka: La universidad fue estu- penda. Cuando terminé la preparato- ria, recuerdo haberle dicho a mi mamá que estaba metido en demasiadas cosas. Era presidente estudiantil, orador de la clase y todo eso. Le dije: "En la universidad solo voy a estudiar y a hacer amigos. No me voy a involu- crar". Y ella se rio y dijo: "Ya veremos". Comencé a asistir a la Misa diaria. Es fácil ir a Misa diaria cuando tienes amigos con quienes ir. En mi primer año, realicé un viaje de servicio durante las vacaciones de primavera. Creighton mandó a unos 120 estu- diantes a 15 lugares distintos. Para mi segundo año, ya organizaba esos viajes para la universidad, algo que hice durante los siguientes tres años, y me involucré mucho en la pastoral universitaria. Muchos amigos muy queridos me ayudaron en el camino. Uno de esos viajes de servicio fue a Pine Ridge, Dakota del Sur. Uno de mis mentores fue el padre jesuita Ed Mathie, quien ahora está en la Uni- versidad Marquette [en Milwaukee, Wisconsin]. Vivió mucho tiempo en la reserva. Me recomendó considerar hacer un año de voluntariado ahí. Yo sabía que todavía no estaba listo para estudiar un posgrado y no sabía si estaba llamado al seminario o a otra cosa. Quería más experiencia de vida. Quería trabajar entre los pobres y en una cultura que desconocía. Recuerdo mi primer día ahí, mirando a mi alrededor y viendo a todos los Lakota Sioux. Yo era la única persona anglo en una reunión de 200 personas. Pensé: "¡Aquí voy a aprender algo!". Yo creía que estaría ahí dos o tres años, pero para Acción de Gracias ya sentía el llamado a ser sacerdote de la Dióce- sis de Grand Island. Fue muy claro. Le doy gracias a Dios por esa claridad. EPC: ¿Qué aprendió de los jesuitas? +Golka: En Creighton, sobre todo porque estudiaba teología y filosofía, los jesuitas se hicieron mis amigos, porque estaba muy activo e involu- crado. Así que todos suponían que ⊲ Jim Golka sirvió con el Cuerpo de Voluntarios Jesuitas en la reserva de Pine Ridge, en Dakota del Sur. 13 ARZOBISPO JAMES R. GOLKA | EL PUEBLO CATÓLICO

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