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2026_EPC_Agosto-Septiembre

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Propósito del bautismo La historia del bautismo de los niños es útil, pero no constituye el mejor argumento para explicar por qué debemos bautizar a los bebés. Para llegar al fondo de la cuestión, debemos pre- guntarnos: ¿cuál es el propósito del bautismo? La respuesta breve es esta: el bautismo nos salva. No es simplemente un símbolo. Es un sacra- mento, es decir, un medio por el cual Dios nos comunica su gracia. Todo ser humano nace en este mundo con una naturaleza caída, marcada por el pecado original. Debido a la caída de Adán y Eva, nacemos con una relación "rota" con Dios, pero el bautismo es el remedio que la restaura. El bautismo nos libera del poder de las tinieblas y nos introduce en "la libertad de los hijos de Dios, a la que todos los hombres están llamados" (CIC 1250). Toda persona necesita la regeneración espiritual que el bautismo ofrece. Los niños merecen el bautismo Si negáramos el bautismo a un niño, le esta- ríamos negando "la gracia inestimable de ser hijo de Dios" (CIC 1250). Pero ¿no le quita al niño el derecho a tomar esa decisión por sí mismo? Los padres toman todo tipo de decisiones por sus hijos cuando son pequeños. Los niños no deciden cómo serán alimentados, educados o cuidados. Los padres toman decisiones fun- damentales porque son responsables de cuidar el don de la vida y de proporcionar la formación esencial que sus hijos necesitan para desenvol- verse en este mundo. Nadie considera que eso prive a los niños de su "derecho" a comer lo que quieran o a ir a la escuela cuando quieran. Más bien, se entiende que los padres les están dando lo que es mejor para su desarrollo. Compartir al Señor con un hijo debe verse de la misma manera. El don de la fe, mediante el bautismo, es el mayor regalo que un padre puede ofrecer a su hijo. Esto forma parte de la responsabilidad de los padres de cuidar "la vida que Dios le ha confiado" (CIC 1251). Los padres fieles desean ver a sus hijos abrazar la fe a medida que crecen. Los niños aprenden muchísimo al orar con sus padres, al conversar con ellos sobre las grandes preguntas de la vida y al observar la vida de fe que se vive en su familia. Los padrinos también deben brindar el apoyo necesario y servir de ejemplo inspirador de fe para el niño, ¡a diferencia del padrino de la película El Padrino! Al bautizar a los niños desde peque- ños, les damos las gracias que necesitan para emprender ese camino de fe y, más adelante, hacer su propio compromiso con el Señor cuando sean mayores. Para nuestros sentidos humanos, el bautismo quizá no parezca gran cosa. El bebé luce y se comporta exactamente igual antes y después del sacramento. Sin embargo, aunque no podamos ver el cambio que ocurre durante el bautismo, ¡una transformación muy real ha tenido lugar en el alma del niño! Por medio del bautismo somos injertados en Cristo; pasamos de pecadores a santos; queda- mos marcados para siempre como hijos de Dios. ¡Ninguna película puede captar el drama espiritual que ocurre en el alma durante el bautismo! Foto de Madisen Martinez | El Pueblo Católico AGOSTO-SEPTIEMBRE 2026 | EL PUEBLO CATÓLICO 14

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