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Contempla ese árbol tan hermoso, cómo la luz suave de las series se refleja en la oscuridad y cómo las sombras bailan sobre las paredes. Escucha la voz de tu hija. ¡Qué mente tan fascinante revelan sus palabras! Qué corazón, tierno y valiente a la vez, que solo desea amar y ser amado. Qué bendición esa voz melodiosa que da vida a tu hogar antes de salir a ilu- minar el mundo. Siente ese diminuto guantecito en tu mano mientras patinas con tu pequeño. Deja que el aire frío acaricie tu rostro. Respira profundamente el incienso en la Misa de Nochebuena y deja de cantar por un momento para pres- tar atención a la atmósfera sagrada. Relaja los hombros. Ni siquiera los niños más inquietos perturban al príncipe de la paz. Esta comunión es para ti y tu familia. Aquí es donde el cielo toca la tierra. Permite que tus hijos vean a su padre o madre entregarse, con confianza, al Niño Dios. Comparte un instante con tu esposo o esposa mientras toman chocolate caliente, sin importar si los niños ya están dormidos o no. Deja que su voz o sus ojos sean tu mundo entero por unos minutos preciosos. Y luego, deja que esa alegría desbordante se derrame sobre los demás. Que esa atención amorosa inspire una nueva manera de vivir las fiestas: escuchar de verdad al desconocido en la posada o en la fiesta, unirte a los gritos de emoción de tus hijos cuando pasa santa por el desfile, invitar a un amigo a compartir una galleta y disfrutar juntos del sabor y el calor. Y cuando alguien te pregunte qué ha cambiado, por qué te ven más tranquilo, más presente, más alegre, responde con gozo la razón de tu esperanza: Jesucristo. 14 DICIEMBRE 2025-ENERO 2026 | EL PUEBLO CATÓLICO

