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2023_EPC_Febrero-Marzo

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E L P U E B L O C A T Ó L I C O | 7 D ios manifiesta su amor-misericordia plena- mente en la venida de su hijo Jesucristo. Como dice san Juan Pablo II, Jesús es la misericordia misma: "[Jesús] no solo habla de [la misericordia] y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y la perso- nifica. Él mismo es, en cierto sentido, la misericordia" (Dives in misericordia 2). El amor-misericordia de Dios supera el mal y el pecado del hombre a tal grado que Dios mismo decide hacerse hombre para salvarnos del pecado y la muerte. Así lo atesta san Pablo: "…se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hubiéramos hecho nosotros, sino según su propia misericordia" (Tito 3,5). Pero al manifestar la profundidad de la misericordia amorosa de Dios, Cristo se ve obligado a enfrentar la falsa idea de misericordia adoptada por los fariseos y maestros de la ley. Su enseñanza es motivo de escándalo porque contradice la rectitud de sus opositores —comía con publicanos y pecadores— pero aún más porque perdona los pecados, algo que solo Dios puede hacer. ¿ QUÉ ES NECESARIO PARA RECIBIR LA MISERICORDIA? El acto más grande de amor y misericordia es, por supuesto, su pasión y muerte, pero Jesús también nos enseña la esencia de la misericordia a través de las parábolas, entre las cuales se destaca la parábola del hijo pródigo. En ella se enfatiza la misericordia del padre que espera el regreso de su hijo, quien lo había abandonado en busca de una falsa libertad. La fide- lidad del padre hacia su hijo refleja el hesed de Dios, manifestado en todo el Antiguo Testamento. Aún más, la parábola nos enseña dos cosas esencia- les sobre la misericordia de Dios. En primer lugar, para recibir la misericordia es necesario reconocer nuestro pecado. Ya que la mise- ricordia se concede a alguien que ha hecho algún mal deliberadamente, es imposible recibirla si uno no reconoce el mal que ha hecho. En segundo lugar, el amor de Dios no permanece en un corazón que no es misericordioso (1 Jn 3,17), y la misericordia de Dios no penetrará en el corazón humano si no perdonamos a los que nos ofenden (Mt 6,14-15)" (Catholic Bible Dictionary, 603). Cristo, "misericordia encarnada"

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