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tenemos una responsabilidad unos con otros. No podemos quedarnos de brazos cruzados y dejar que las grandes instituciones y los sistemas aborden los problemas de manera abstracta. El papa Benedicto XVI señala: "En realidad, las instituciones por sí solas no bastan, porque el desarrollo humano integral es ante todo vocación y, por tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos" (Caritas in Veritate, 11). La búsqueda del bien común por parte La encíclica Caritas in Veritate del PAPA BENEDICTO XVI explora el desarrollo humano integral, destacando que el progreso auténtico debe estar arraigado en la caridad y la verdad. de la sociedad implica trabajar en conjunto para garantizar que todos tengan acceso a bienes y servicios como la atención médica, la educación y la asistencia en situaciones de emergencia. Si la sociedad está correctamente orde- nada al verdadero f lorecimiento de la persona humana, respeta a la familia y a la comunidad local y, al mismo tiempo, sirve a quienes están necesitados, dará como fruto la paz. Tendemos a pensar en la paz como la ausencia de conf lic- tos, pero san Agustín la entiende mejor como la tranquilidad del orden. Lo mismo ocurre en el ámbito internacional, que debería regirse por los mismos principios generales de derechos humanos, justicia y coo- peración mutua en favor del bien común. Todos los seres humanos estamos unidos por una misma naturaleza, creada por Dios y orientada hacia un mismo fin: la felicidad en él. Así como dentro de una sociedad, a veces son necesarias intervenciones mediante el uso de la fuerza para impedir que otros sufran daño, en el ámbito internacional, la guerra puede ser nece- saria como medio de legítima defensa cuando se hayan agotado todas las demás opciones. Sin embargo, las naciones tienen la respon- sabilidad de promover la paz en todo el mundo. Como ha señalado recientemente el papa León XIV, los avances tecnológicos en la automatiza- ción requieren una mayor atención para garan- tizar que el destino de la vida humana no quede sujeto a algoritmos impersonales (Magnifica Humanitas, 197-200). La Doctrina Social de la Iglesia se nutre de verdades permanentes relacionadas con la persona humana, la familia y la sociedad, y las aplica a las circunstancias cambiantes de cada época. Aunque articula principios a los que cualquier persona puede llegar mediante la razón, encuentra su iluminación definitiva en Dios mismo. No es posible comprender verdaderamente a la persona humana, las relaciones humanas ni la economía sin Dios. El mundo puede determi- nar la mejor manera de maximizar la eficiencia y la producción, pero no puede saber para qué sirve el trabajo ni cómo se integra en el propó- sito de la vida humana sin hacer referencia a su verdadero origen y a su fin último. La convicción de que este mundo pasa nos ayuda a aprovecharlo de la mejor manera, como medio para amar a los demás y trabajar con ellos en la construcción de una civilización del amor. 9 EL PUEBLO CATÓLICO | OCTUBRE-NOVIEMBRE 2026

