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2026_EPC_Agosto-Septiembre

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En especial, la Eucaristía y la confesión des- empeñan un papel esencial para alimentar y restaurar tu vida divinizada. Cuando participas activamente en la Misa, ofreciéndote al Padre junto con el sacrificio de Jesús, y cuando recibes fructuosamente la Eucaristía, tu identidad y tu unión con el Cuerpo de Cristo se fortalecen. Ali- mentado con su Cuerpo y su Sangre, llegas a ser plenamente aquello en lo que te convertiste en el bautismo. Cuando cometes un pecado mortal, separán- dote libre y conscientemente de Dios mediante un pecado grave, el único don que permanece es el carácter bautismal. Al perder todas las demás gracias, regresas a la tumba, espiritualmente muerto. Por medio de la confesión, Dios te con- duce a través de un "segundo bautismo", resuci- tándote y restaurando la gracia santificante y todos los dones del bautismo. "Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes" (Juan 15, 4). Esta es tu vida bautis- mal. La próxima vez que entres en una iglesia y mojes tus dedos en la pila de agua bendita para persignarte con el signo de tu salvación, recuerda todo esto. Sabes de quién eres, en qué te has convertido, qué amas y qué puedes hacer gracias que te fueron concedidas en el momento de tu bautismo en Cristo Jesús, el Señor. A él sea la gloria por siempre. "En tu bautismo, cuando recibiste la virtud teologal de la caridad, también recibiste la presencia de Dios". UNA VIDA NUEVA EN CRISTO Si vuelves al lugar de la tumba, podrás contemplar la asombrosa generosidad de la gracia de Dios. Él no se limitó a reanimar un cuerpo; resucitó y elevó toda una vida que estaba muerta. Del mismo modo, por medio del bautismo, fuiste completamente recreado como un ser humano divinizado, capaz de vivir y actuar con Jesús: "Estoy cruci- ficado con Cristo; y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí " (Gálatas 2, 20). "¿Cómo vivo esta realidad y cómo la mantengo viva?". La gracia recibida en el bautismo es apenas el comienzo; somos niños pequeños en la vida cristiana. Existen tres medios principales para crecer en esta gracia y alcanzar el cielo: la práctica de las virtudes, la oración de petición y los sacramentos. Por simplicidad, consideremos aquí la vida sacramental. Mediante los otros seis sacramentos coope- ras con las gracias bautismales, las aumentas y las restau- ras. Todos los sacramentos incrementan y profundizan la gracia santificante cuando se reciben fructuosamente, llevándote cada vez más en sus diversos niveles. Foto de Ashley Ortiz 9 EL PUEBLO CATÓLICO | AGOSTO-SEPTIEMBRE 2026

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