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24 ABRIL-MAYO 2026 | EL PUEBLO CATÓLICO P ara Andrew Joslin, jefe de bomberos en Nederland, quien creció episcopaliano, una sensación similar de vacío lo llevó a buscar algo más. Con el paso de los años, se había alejado de la fe, en gran parte debido a una relación difícil con su padre. Durante 16 años, Andrew no habló con él; en ese tiempo, Andrew se casó y tuvo hijos. Pero un día, sin previo aviso, su padre lo llamó para su cum- pleaños, y todo cambió. "Por alguna razón, para mí era más impor- tante tener una conversación con él e intentar integrarlo de nuevo en mi vida. Sentía que había tantas cosas que quería que supiera", recuerda Andrew sobre aquella llamada provi- dencial. "Realmente no me importaba tanto el pasado. Lo sentía muy lejano". Esa llamada inesperada provocó una recon- ciliación aún más sorprendente entre Andrew y su padre. Según Andrew, fue la primera ficha de dominó que cayó en su camino de regreso a la fe. "Creo que esa fue la primera pequeña ancla de mi fe en Dios que comenzó a crecer otra vez, ese primer paso de sumisión a algo más grande que yo", dijo. Reconciliarse con su padre, convertirse L A R E C O N C I L I AC I Ó N C O M O P R I M E R PA S O H AC I A C A S A en papá y conocer a un grupo sólido de hom- bres en la iglesia St. Rita en Nederland —otro encuentro casual, sin duda— le abrió los ojos a un horizonte mucho más amplio. De pronto, se dio cuenta de que se estaba perdiendo algo importante. "Había una faceta de mi vida que nunca había visto. Y estaba listo para algo", recordó. "Mi esposa y yo habíamos visitado todas las iglesias en los alrededores de Nederland, y nin- guna nos hablaba. Siempre faltaba algo en cada una. Y en cuanto fui a Misa, dije: '¡Aquí está! Esto es lo que buscaba'". A partir de ahí, todo cambió. Y la transfor- mación no pasó desapercibida para su esposa e hijos. A medida que comenzó a orar, dejó de beber y dejó atrás la ira, la frustración y la ansiedad. El cambio fue tan impactante que su esposa y su hijo decidieron seguirlo a la Iglesia católica, deseando lo que él había encontrado. Su hijo, Billy, incluso empezó a acompañarlo a su hora santa diaria. Meses después, Billy organizó su propia hora santa mientras su papá asistía a las clases de OICA —¡con solo nueve años! "En el último año, he reorientado absolutamente todas las prio- ridades de mi vida para centrarme en Dios: cada mañana, durante el día, por la noche. Todo cobra sentido. Durante mucho tiempo sentí que me faltaba", dijo Andrew.

