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14 ABRIL-MAYO 2026 | EL PUEBLO CATÓLICO V E R , B U S C A R Y A P R OV ECH A R O P O R T U N I DA D E S PA R A E L R E I N O Veamos ahora cómo los umbrales de la confianza y la curiosidad pueden ayudarnos a ver, buscar y aprove- char oportunidades para evangelizar y ayudar a otros en su camino de conversión. P R I M E R U M B R A L: CO N FI A NZ A El umbral de la confianza es la etapa en la que una persona adquiere o mantiene cierto grado de confianza en Jesús, en la Iglesia o en una persona de fe. Identificar si existe confianza es esencial. Cuando la hay, nuestra meta es fomentarla poco a poco para, eventualmente, ayudar a la persona a cruzar el siguiente umbral de la curio- sidad, si aún no lo ha hecho. Si esta no existe, nuestro enfoque será hacer todo lo posible para generarla. Si las circunstancias lo permiten, la mejor manera de construir confianza es estableciendo una relación genuina con la persona. De otra manera, aún podemos encontrar formas de relacio- narnos con ella, buscando intereses comunes, evitando juzgar, afirmando lo positivo de su vida y deleitándonos en otros como personas. Digamos, por ejemplo, que en nuestro trabajo o en nuestro círculo de amigos conocemos a una persona que es abierta y muestra cierta con- fianza hacia las personas creyentes, pero que, en realidad, no tiene ningún otro interés en la fe. Viendo aquí una oportunidad, nos esforzamos por establecer una amistad genuina con esta persona. Buscamos intereses comunes, evitamos juzgarla y afir- mamos lo bueno de su vida, etc. Si hacemos esto, siempre pidiendo la gracia de Dios, es muy probable que establezcamos una relación de con- fianza. Eventualmente, esto nos abrirá la puerta para despertar la curiosidad por la fe en esta persona y ayudarla a cruzar al siguiente umbral. En situaciones en las que no es posible crear una amistad, como al conocer a una persona durante un viaje o en el mercado, por ejem- plo, nuestro enfoque será tener un encuentro lo más positivo posible. Trataremos de deleitarnos en ellos, evitando juzgar cualquier cosa nega- tiva, afirmando lo bueno, etc. Aunque en estos casos no veamos el resultado de nuestro esfuerzo, es increíble el impacto que estos encuentros pueden tener en la vida de una persona. Buscar y ser intencionales con estas oportunidades puede, eventualmente, llevar a la conversión. S EG U N D O U M B R A L: CU R I O S I DA D El umbral de la curiosidad es la etapa en la que una persona tiene cierto interés, atracción o inquietud positiva por la persona de Jesús o por algún aspecto de la fe, lo cual se manifiesta en una frecuencia de pre- guntas. Haber cruzado este umbral significa tener el deseo de saber más, pero no implica necesariamente una apertura al cambio. La curiosidad y la apertura son dos cosas muy distintas. En el umbral de apertura, la persona se toma más en serio las implicaciones concretas y personales de la fe. Es importante tener esto claro. Si no, confundiremos lo que una per- sona necesita más en esta etapa de su camino, y es posible que, en vez de ayudarla a acercarse más a Cristo, hagamos lo contrario. Veamos ahora cómo ayudar a alguien a cruzar o a crecer en este punto. La forma más efectiva de ayudar a alguien a alcanzar el umbral de la curiosidad es hacer referencias constantes a Jesús, compartir histo- rias sobre él o sobre la fe, o igualar y ser sensibles a su nivel de curiosidad. Más importante aún es compartirles nuestra relación personal con Jesús. También es importante evitar aquí la apologética o los argumentos prematuros y, en cambio, enfocarnos en la persona de Jesús. En vez de ofrecer una apologética y de saciar su curiosidad respondiendo todas sus preguntas, es mejor formular pre- guntas intencionales para avivar su curiosidad y embarcarnos más con ellos en conversaciones espirituales. En los evangelios, vemos que este es el método de Jesús. Jesús recibe 183 preguntas; responde con 307 y ¡solo responde directamente a tres de ellas! CO L A B O R ACI Ó N D E A M O R Y G R ACI A Implementar estas prácticas en nuestras relaciones personales o en nuestras interacciones cotidianas, particularmente cuando identificamos en las personas cierta insatisfacción de vida, cuestionamiento existencial o sufrimiento, puede llevar a grandes frutos de gracia y conversión. Más que una cosa más por hacer o un ejercicio meramente intelectual, la evangelización es tanto una invitación personal a la conversión de la mente y el corazón como una colaboración de amor con la gracia de Dios para expandir su Reino eterno. Reconocer que el llamado universal a la evangelización es urgente y, a la vez, mucho más simple de lo que pensamos, nos debe hacer temblar como motivar. Pero si Dios nos invita a poner nuestro granito de arena, a darle nuestros pedazos de pan y dos pescados, es porque él, mediante su Espíritu de poder, hará su parte y multiplicará nuestros esfuerzos. Comencemos por estar dispuestos y atentos a hacer lo que nos pide cada día y en cada encuentro con los demás, para así colaborar con lo que está haciendo en el mundo. Respondamos generosamente a esta invitación. Reconocer que el llamado universal a la evangelización es urgente y, a la vez, mucho más simple de lo que pensamos, nos debe hacer temblar como motivar".

