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12 ABRIL-MAYO 2026 | EL PUEBLO CATÓLICO L L A M A D O U N I V E R S A L A L A E VA N G E L IZ ACI Ó N Comencemos con dos pregun- tas comunes que pueden surgir al reflexionar sobre la evangelización: ¿quién está llamado a evangelizar? ¿qué es exactamente la evangelización? En cuanto a la primera pregunta, como bautizados todos estamos llamados a evangelizar, ya que mediante nuestro bautismo nos convertimos en otros cristos y somos enviados en y como el Hijo: "Así como tú me has enviado al mundo, [Padre,] yo también los he enviado al mundo" (Juan 17, 18). ¿Pero para qué fue enviado Jesús al mundo? Lucas nos dice que "el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido" (Lucas 19, 10). Por esta razón, Jesús elige a los doce apóstoles e instituye una Iglesia para continuar su misión de salva- ción: "Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones… enseñándoles a obedecer todo lo que yo les he man- dado" (Mateo 28, 19-20). En las últimas décadas la Iglesia ha reafirmado esto. En su encíclica Redemptoris Missio, el papa san Juan Pablo II nos dice que "la vocación universal a la santidad está estrecha- mente unida a la vocación universal a la misión. Todo fiel está llamado a la santidad y a la misión" (RM 90). En El gozo del evangelio, el papa Francisco lo expresa de la siguiente manera: "Sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea solo receptivo de sus acciones. La Nueva Evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados" (EG 120). ¿Q U É E S E X AC TA M E N T E L A E VA N G E L IZ ACI Ó N? Es común que, al escuchar la pala- bra "evangelización", nos sintamos incómodos o intimidados, especial- mente cuando se refiere al contexto de nuestro llamado universal. Esta reacción se basa en un malentendido acerca de qué significa evangelizar. Muchas veces, al escuchar "evange- lización", entendemos que debemos pararnos en la esquina de una calle principal y predicar como lo haría un protestante. O creemos que tenemos que convencer, o hasta forzar, a los demás a que crean en Jesús y en su Iglesia, especialmente a los más cer- canos a nosotros. Quizás creemos que evangelizar es simplemente apologética y consiste en tener todas las respuestas a las posibles dudas o preguntas que nos hagan acerca de la fe. Pero la evan- gelización es algo más que esto; es algo más personal e íntimo, algo más simple y que todos podemos hacer. Viendo la primera carta de Pedro, podemos decir que evangelizar es estar siempre listos y dispuestos "para dar una respuesta a quien les pida cuenta de su esperanza" (1 Pedro 3, 15), o a quienes aún necesitan escu- char sobre la fe en Cristo, que da fruto a esta esperanza. M E N S A J E CE N T R A L D E L A E VA N G E L IZ ACI Ó N: E L K E R I G M A Es importante mencionar aquí el kerigma, el mensaje fundamental del evangelio. Los puntos básicos del este son los siguientes: • Hemos sido creados por amor y para una relación filial, íntima y personal con Dios, quien nos ama infinita e incondicionalmente. • Nuestra relación con Dios se rompió a causa del pecado y no había nada que pudiéramos hacer. • Dios Padre envió a su Unigénito para restaurar nuestra relación con él mediante su vida, pasión, muerte y resurrección. • Dios nos invita a cada uno a tomar una decisión sobre la salvación que nos ofrece en Jesús para vivir en una relación personal como discípulos. El kerigma es el fundamento de la esperanza de la que Pedro nos habla, lo cual nos lleva a un punto muy importante. Si hemos de "dar una res- puesta a quien les pida", primero, yo tengo que aceptar personalmente la salvación que Dios me ofrece y tomar la decisión de vivir como discípulo de Jesús. Sin esta decisión, no podremos dar testimonio ni proclamar esta esperanza a los demás. Una conversión inicial es, entonces, un requisito esencial para evangelizar. Ya que, antes que reglas y doctrinas particulares, la evangelización se centra en una persona: Jesucristo. Si no lo conocemos íntima y personalmente, nada de lo que enseñemos valdrá ver- daderamente la pena. El objetivo de la evangelización, entonces, es acompa- ñar y ayudar a otros a conocer a Jesús para que eventualmente den un "sí" a una relación íntima y personal con él.

