27
EL PUEBLO CATÓLICO | ABRIL-MAYO 2026
Aunque se sentía bien en las cercanías de la iglesia, no se sentía
digno de cruzar esas puertas resplandecientes.
"Pasaba junto a la puerta, pero nunca la atravesaba.
Simplemente no podía, porque no me sentía digno. No sentía que
fuera lo suficientemente bueno para Cristo",
compartió Steve.
Pero cuando la parroquia reinstaló una
estatua del Sagrado Corazón de Jesús sobre esas
puertas —una que nunca había visto antes— no
pudo evitar sentirse como Moisés frente a la
zarza ardiente (ver Éxodo 3). Para él, fue una
señal de Cristo, con los brazos abiertos y el
corazón encendido, llamándolo a acercarse. Poco
después, Steve asistió a una Misa dominical con
la comunidad parroquial e inició su proceso de
entrada a la Iglesia católica a través de la OICA.
"Finalmente crucé esas puertas y sentí 'por fin
estoy en casa'", recordó. "Y ese sentimiento no se
ha ido. Ahora, cada vez que entro a Misa, pienso:
'por fin estoy en casa'". ⊲
Ese lugar físico, la iglesia, se volvió
muy acogedor para mí. Era un lugar
de consuelo donde realmente sentía
que me conectaba con Dios de una
manera muy real y profunda mientras
rezaba frente al crucifijo".