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47 ARZOBISPO SAMUEL J. AQUILA | EL PUEBLO CATÓLICO M e siento conmovido por el carácter de los hombres que han servido en este cargo antes que yo, y también profunda- mente agradecido de que el Señor me haya elegido para asumir esta respon- sabilidad y trabajar con el arzobispo Samuel mientras él llega al final de sus muchos e increíbles años de servi- cio a la arquidiócesis de Denver. Al ref lexionar sobre este corto tiempo que llevo con el arzobispo, me vienen a la mente las palabras de Jesús: "Mi yugo es suave y mi carga ligera" (Mateo 11, 30). Tal vez no sea una gran sorpresa, pero la vida de un obispo es una vida bajo yugo. He tenido el privilegio de presenciar esta realidad durante el poco tiempo que llevo en este cargo, al vivir y trabajar junto a él. Nues- tro pastor carga con un peso real. El arzobispo ha entregado su vida al servicio de la Iglesia, y ha permane- cido fiel a ese compromiso durante casi 50 años de ministerio. Pero este yugo es más que solo la carga de trabajo (y créanme, hay mucho trabajo). En el fondo, el yugo que asumimos al elegir seguir a Jesús es una entrega de nuestra voluntad. Esta entrega debe elegirse de nuevo y vivirse cada día: optar por no ser dueño de la propia vida, sino dejarse guiar por otro. Pienso en lo que Jesús le dijo a san Pedro en el Evangelio de San Juan: "Cuando llegues a viejo, extende- rás tus manos y otro te ceñirá y te llevará a donde tú no quieras" (Juan 21, 18). La vida diaria del arzobispo Samuel está dedicada a la misión de la Arquidiócesis de Denver. Como su secretario, quien agenda muchas de sus citas, ¡a veces siento que soy yo quien lo lleva a donde no quiere ir! Y, sin embargo, él carga con una gracia y una paz hermosas, que veo cada día. Creo que esa paz proviene de una relación personal de entrega a Dios. Verdaderamente ha respondido al llamado de los apóstoles: "Ven y sígueme" (Mateo 4, 19). Al seguir al Señor, vive en paz. Estoy realmente agradecido de poder ser testigo de la paz y la alegría que marcan su vida diaria. Y así, su yugo es suave y su carga ligera. (¡No le digan que lo dije!) Trabajar con él y para él en estos momentos finales de su episcopado en la arquidiócesis de Denver ha sido una bendición y un honor. Estoy agradecido por su liderazgo, por su confianza en el Espíritu Santo y por su paciencia con su nuevo y poco experimentado maestro de ceremonias. POR EL PADRE DAVID HALL Sacerdote secretario del arzobispo, 2025-2026 Mi yugo es suave y mi carga ligera". MATEO 11, 30 "Estoy realmente agradecido de poder ser testigo de la paz y la alegría que marcan su vida diaria", escribió el padre David.

