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41 ARZOBISPO SAMUEL J. AQUILA | EL PUEBLO CATÓLICO Durante cuatro años tuve el privilegio de apoyar al arzobispo Samuel en ese rol. Quisiera compartir brevemente algunos comentarios sobre su manera de vivir la amistad, la oración y el amor al sacramento del orden. A M I S TA D Una de las cosas que aprendí rápidamente sobre el arzobispo es que la amistad es importante para él. Antes de su nombramiento como obispo de Fargo, el arzobispo Samuel pasó muchos años como sacerdote en la arquidiócesis de Denver. Volver a Denver en el 2012 fue para él una fuente de gran alegría, ya que le per- mitió estar de nuevo cerca de per- sonas que había conocido durante mucho tiempo (muchas de las cuales aún lo llaman "padre Sam" o simple- mente "Sam"). En varias ocasiones, al regresar con él a casa después de una Misa en alguna parroquia, decidía hacer una visita sorpresa a una de esas familias o a algún sacerdote jubilado. Yo dis- frutaba de esa informalidad y espon- taneidad, y sus amigos también. O R ACI Ó N Quienes trabajamos con el arzo- bispo sabemos que es un hombre de oración. Es constante en su costum- bre de orar ante la Eucaristía todos los días. Si yo lo llevaba en auto a una parroquia para celebrar Misa, a menudo cerraba los ojos y oraba durante el trayecto y, en ocasiones, hacía anotaciones breves sobre la homilía que iba a predicar. La profundidad de su oración se percibe en cada homilía y en cada artículo que escribe, ya que con frecuencia invita a los fieles a una relación más profunda con el Señor a través de la oración y los sacramentos. S ACR A M E N TO D E L O R D E N Una de las mayores alegrías del arzobispo Samuel, como obispo, es ordenar a hombres mediante el Sacra- mento del Orden. Cuando impone las manos sobre la cabeza de un candi- dato durante una ordenación, quienes están cerca pueden sentir la inten- sidad de su oración. Cierra los ojos, respira profundamente y se toma su tiempo. Hay una gravedad sagrada en ese momento de oración y, después, el arzobispo siempre muestra una gran alegría. Ama dar la bienvenida a nuevos ministros al diaconado y al sacerdocio. Además de muchas ordenaciones de diáconos y sacerdotes, durante mi tiempo como su secretario, el arzo- bispo Samuel consagró a dos obispos: el obispo Jorge Rodríguez (Denver) y el obispo Steven Biegler (Cheyenne). En cuanto a liturgias se refiere, la consagración de un obispo realmente se siente como el "Super Bowl" de las Misas: tiene muchos elementos en movimiento, la presencia de varios obispos y del nuncio apostólico, y un rito con varios momentos únicos y poderosamente simbólicos. Quisiera mencionar una última cosa. Como pasé tanto tiempo con el arzobispo como su secretario, pude conocer aspectos de su personalidad que no siempre se reflejan en sus cartas pastorales o artículos. Aprendí que el arzobispo encuentra humor y alegría en muchas cosas: le gusta bro- mear y reírse de lo gracioso, siempre con un tono ligero y cordial. También noté que se conmueve fácilmente ante la belleza: sus ojos se llenan de lágrimas en momentos significativos que reflejan la bondad de Dios. Creo que esa apertura a dejarse conmover es señal de un corazón que realmente ama al Señor. El ministerio del arzobispo Samuel ha sido una bendición para la arqui- diócesis, y doy gracias a Dios por el testimonio sacerdotal que ha sido para mí. ⊲ "El ministerio del arzobispo Samuel ha sido una bendición para la arquidiócesis, y doy gracias a Dios por el testimonio sacerdotal que ha sido para mí", dijo el padre Scott.

