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39 ARZOBISPO SAMUEL J. AQUILA | EL PUEBLO CATÓLICO trabajáramos bien juntos. Del mismo modo, mostraba una paciencia divertida cuando alguna vez se asomaba mi tem- peramento germano-irlandés. Esto fue para mí un regalo de paternidad espiritual: saber dar espacio a la humanidad en medio de un trabajo espiritual serio. Más allá de las tareas normales del cargo, tuve la bendi- ción de estar cerca del arzobispo Samuel mientras ejercía su liderazgo pastoral y mostraba su paternidad espiritual en diversos contextos. Al arzobispo le gustaba hacer visitas pastorales a las parroquias y, de manera notable, el primer lugar que eligió visitar fue las parroquias de Craig, Meeker y Rangely. Pasamos por muchas parroquias de camino al condado de Moffat, pero el arzobispo quiso ir a la periferia; hacía bas- tante tiempo que un arzobispo no las visitaba. Fue impac- tante ver cómo aceptaba con buen humor y participaba en cualquier actividad programada en las tres parroquias. La gente quería hacer una buena impresión y recibirlo bien, pero él, a su vez, dejaba que sus hijos espirituales fueran quienes son y se deleitaba en ello. De esta manera, realmente los afirmaba y ayudaba a todos a mantener la mirada puesta en Jesucristo. En otras ocasiones, el arzobispo se esforzaba por hablar español en parroquias con comunidades hispanas o cuando los padres de los hombres que iban a ser ordena- dos eran hispanohablantes. Aunque se sentía más cómodo al hablar italiano, debido a su herencia y al tiempo que pasó estudiando en Roma, nunca dudaba en acercarse a las personas en su propio idioma. En particular, recuerdo haber acompañado al arzobispo a la parroquia de St. Augustine en Brighton, donde pasó bastante tiempo con la gente y los niños, haciendo todo su esfuerzo por hablar español. Mostraba un afecto genuino y una alegría pater- nal en esos encuentros. Como su sacerdote secretario, estuve presente en muchas conversaciones que tuvo con líderes, en las que era necesario tomar decisiones. Por supuesto, tenía la autoridad y la discreción propias de su ministerio episcopal, pero buscaba reforzar las verdades espirituales más profundas que debían guiar e iluminar sus decisiones. Recuerdo que, al crecer, escuchaba a mi papá decir, en medio de distintas discusiones: "Pero, Matthew, ¡es una cuestión de principios!". Me estaba llamando a ir más allá de lo meramente pragmático o conveniente, para adherirme de verdad a lo que es correcto. El arzobispo no tenía que decirme eso (afortunadamente), pero dio un ejemplo excelente al buscar siempre la mente y la guía de la Iglesia cuando se consideraba algún asunto. Un elemento esencial para ser un padre espiritual es que él mismo haya sido también un hijo de la Iglesia. ⊲ POR EL PADRE MATT BOOK Sacerdote secretario del arzobispo, 2012–2014 F ui el primer sacerdote secretario del arzobispo Samuel J. Aquila en la Arquidiócesis de Denver, y mientras él se iba acostumbrando a ser arzobispo, yo también iba descubriendo mi papel. ¡Fue una aventura para ambos! Recuerdo que en el primer almuerzo que tuvimos juntos, me describió un poco su estilo de gestión y lide- razgo. Lo hizo para que yo me sintiera más cómodo y también para que no me desconcertara si salía a relucir un poco de su temperamento siciliano. "No te preocupes, Matt", me dijo. Agradecí el sentido del humor y el autoconocimiento que compartió, así como su preocupación por que Esto fue para mí un regalo de paternidad espiritual: saber dar espacio a la humanidad en medio de un trabajo espiritual serio". Como primer sacerdote secretario del arzobispo Samuel, el padre Matt Book tuvo un lugar privilegiado en el ministerio del nuevo pastor.

