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2 FEBRERO-MARZO 2026 | EL PUEBLO CATÓLICO M AT R I M O N I O CO M O T E S TI M O N I O V I VO D E L P L A N D E D I O S El matrimonio cristiano es mucho más que una institución social, un contrato legal o una relación román- tica. El matrimonio forma parte del designio de Dios, inscrito en la crea- ción misma, y está destinado a revelar quiénes somos y para qué fuimos creados: para la comunión, la fecundi- dad y el amor fiel. San Pablo, al escribir a los efesios, ofrece una descripción impactante del matrimonio, enseñando que la unión entre el esposo y la esposa está llamada a reflejar la unión de Cristo con su Iglesia. "Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella" (Efesios 5, 25). Esta es una afirmación audaz: el matrimonio está llamado a ser imagen del amor de alianza de Jesús como signo para el mundo. Cuando un hombre y una mujer viven fiel- mente el sacramento, el mundo recuerda que el amor es posible, que la verdad importa, que el compromiso es bueno y que el plan de Dios no es restrictivo, sino una fuente de vida. En el matrimonio, el mundo percibe el valor de lo que Dios ha revelado: que hemos sido creados para un amor per- manente, fiel y fecundo. Es importante señalar que las difi- cultades del matrimonio no anulan este testimonio, sino que lo profundi- zan. El testimonio se vuelve más cer- cano cuando los esposos soportan el sufrimiento, perseveran en medio de las dificultades y permanecen fieles incluso cuando esto tiene un costo. El mundo no necesita matrimonios perfectos; necesita matrimonios anclados en Jesucristo y fortalecidos por la gracia. A P R E N D E R A A M A R: E L T R A B A J O M Á S D I FÍCI L D E N U E S T R A V I DA En el corazón del matrimonio está el amor. El amor es una decisión, un acto de la voluntad que busca el bien del otro, una virtud, una entrega cotidiana. Uno de nuestros sacerdotes aquí en la arquidiócesis, al preparar a las parejas para el matrimonio, suele recordarles: "No se casan porque están enamorados; se casan para aprender a amar". Estas palabras encierran una gran sabiduría. El matrimonio es una escuela de amor. Amar bien exige sacrificio, paciencia y crecimiento en la virtud. Requiere no ponerme a mí mismo en primer lugar, la disposición a morir a uno mismo, a veces de maneras muy ordinarias: escuchar cuando preferirías hablar, perdonar cuando preferirías aferrarte al resentimiento, servir cuando te sientes cansado o incomprendido. Una vez más, san Pablo dirige nuestra mirada hacia Cristo. Jesús amó a la Iglesia no con sentimen- talismo, sino con el don total de sí mismo. En un matrimonio verdade- ramente cristiano, tanto el esposo como la esposa están llamados a esta entrega mutua de sí. No es una tarea de un solo lado. Cada cónyuge está llamado a dar, recibir, servir y buscar el bien del otro. Este amor sacrificado es, paradó- jicamente, el secreto de la alegría. Un matrimonio arraigado en la entrega se convierte en un lugar de paz, estabili- dad y esperanza. Cuando los esposos viven el uno para el otro en Cristo, descubren que el Señor no disminuye su felicidad, sino que la hace posible. U N T E S TI M O N I O Q U E E L M U N D O N ECE S ITA CO N U R G E N CI A Hoy, el testimonio de matrimonios católicos sólidos es vital. El papa san Juan Pablo II dijo una vez: "Según vaya la familia, así irá la nación y así irá el mundo en el que vivimos". Esta verdad es visible a nuestro alrededor. Cuando las familias flore- cen, la sociedad se fortalece. Cuando las familias se fracturan, la sociedad sufre. Dado que la familia es la "Iglesia doméstica", la salud de la vida fami- liar es inseparable de la vitalidad de nuestras parroquias y de la misión de la Iglesia. V ivimos en lo que muchos han descrito como una "era apostólica", seme- jante a los primeros siglos de la Iglesia, cuando los cristianos procla- maban el evangelio en un mundo que no compartía sus creencias sobre Dios, la verdad o el sentido de la vida humana. En aquel tiempo, los cristianos vivían, amaban y rendían culto de manera distinta a la del mundo. Y al hacerlo, atraían a otros hacia la belleza de Cristo. En nuestro tiempo, los fundamentos culturales que antes sostenían la vida cristiana se han debilitado, y muchas personas hoy se encuentran con la ense- ñanza de la Iglesia no como algo familiar, sino como algo ajeno. Pocas realida- des lo muestran con tanta claridad como el matrimonio. Sin embargo, el matrimonio no es un tema secundario en la vida de la Igle- sia. Es uno de los "frentes" más importantes de la evangelización hoy. En esta era apostólica, los matrimonios católicos son un signo profundo del plan de Dios para la humanidad y una gran fuente de esperanza para la sociedad. Con frecuencia desconciertan a la sociedad secular, que ha adoptado muchas ense- ñanzas erróneas sobre el matrimonio. CO LU M NA D E L AR ZO B I S P O El matrimonio en una era apostólica

