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E n un famoso episodio de la comedia Seinfeld, George Costanza decide seguir un consejo radical: "haz lo con- trario". Sus decisiones —en el trabajo, en el amor, en el dinero y en casi todo— siempre han terminado mal. Ha confiado en sus ins- tintos, pero siempre se ha equivocado. Así que decide hacer lo opuesto: "Si cada uno de mis instintos es erróneo, entonces el con- trario debe ser el correcto, ¿no?" Se presenta ante una mujer diciéndole: "Me llamo George. Estoy desempleado y vivo con mis padres". Ella queda encantada y acepta salir con él. Este Adviento, ¿qué pasaría si nosotros también lo intentáramos? "Haz lo contrario". En los últimos años nos hemos enredado en una lucha imposible. Cada diciembre queremos entrar en el silencio del Adviento, pero al mismo tiempo corremos de un lado a otro preparando la Navidad como locos. En la Misa dominical de Adviento cantamos: "¡Ven, ven, Emmanuel!", y después salimos apura- dos a comprar elotes o champurrado para más tarde ver horas de fútbol americano. Luego salimos corriendo a Walmart para aprovechar las rebajas, empujando al prójimo para alcanzar los electrónicos a mitad de precio. Y la cosa se pone peor. Después de un lunes agotador, interrum- pido por compras en línea, llegamos tam- baleándonos a una pastorela infantil en un gimnasio helado. Nos sentamos en una silla plegable mientras un sobrino sale al escena- rio con la bata azul de su papá: es san José. Un grupo de ovejitas de kínder se arrastra con pijamas blancas y balidos tímidos. Apenas es diciembre y ya nos preguntamos: "¿Sobrevi- viré hasta la Navidad?" Tal vez los monjes tienen razón: irse a un monasterio o a una cueva en diciembre, orar, guardar silencio y no salir hasta el 25. Despertar ese día con el sol sobre la nieve recién caída y celebrar el nacimiento de Cristo. Pero ¿y si tienes trabajo? ¿O hijos? ¿O ambos? La vida monástica puede parecer un paraíso frente al consumismo excesivo de nuestras fiestas. Pero ¿dejamos de ir a la pastorela de los niños? ¿Ignoramos la fiesta del trabajo? ¿No le compra- mos regalo a la abuela este año? O quizá deberíamos "hacer lo contrario": lanzarnos de lleno, como Will Ferrell en El duende. Tomar ponche, comer galletas, comprar en línea y luego volver a la tienda por más. Aplaudir al sobrino, volver a casa y ver El duende otra vez. Comer buñuelos y acompañarlos con un champu- rrado. Si todo lo que hacemos está mal, entonces lo con- trario debe estar bien… ¿cierto? P ero dejemos a Seinfeld y escuchemos a san Pablo. Él escribe que si estemos llorando, tenemos que actuar "como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que disfrutan del mundo, como si no lo disfrutaran. Porque la representación de este mundo va pasando. Me gustaría verlos libres de preocupaciones" (1 Corin- tios 7, 30-32). Todos queremos estar "libres de preocupacio- nes". ¿Qué nos propone Pablo? Hacer lo necesario, pero sin quedar atrapados en ello. Nos llama a un desprendimiento consciente frente a las cosas pasajeras de este mundo. No estamos en control. No podemos fabricar un Adviento perfecto con niños sonrientes y adultos elegantes en suéteres a juego. Vivimos 6 DICIEMBRE 2025-ENERO 2026 | EL PUEBLO CATÓLICO

