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OCTUBRE-NOVIEMBRE 2025 | EL PUEBLO CATÓLICO Cuando llega la tormenta El libro del Génesis nos recuerda que vivimos en un mundo caído (Génesis 3, 1-24). Hay injusticia, muerte y enfermedad. Vamos por el mundo como un barco naufra- gando, buscando suspiro y aliento. La cuestión no es si la tormenta va a venir, sino cuándo aparecerá. Y cuando llega, disfrazada de angustia, ansiedad, miedo, enferme- dad, pérdida de un ser querido o de un sueño, podemos encontrarnos diciendo, como el salmista: "Desde lo hondo a ti grito, Señor" (Salmo 130, 1). Como católicos, no somos inmunes a estas realidades de la vida. Tener fe no quiere decir que nada nos va a per- turbar. Tener fe es aceptar nuestros límites con humildad y dejarnos sanar por lo que Dios ha puesto a nuestro alcance. En el libro de Números, los israelitas, mientras vagaban por el desierto, se quejaron de Dios y de Moisés, lo que llevó a Dios a enviar serpientes venenosas a morderlos (Números 21, 4-9). Muchos israelitas fueron mordidos y murieron. El pueblo se arrepintió y le pidió a Moisés que orara por ellos. Dios le ordenó a Moisés que creara una ser- piente de bronce y la montara en una asta. Cuando los que fueron mordidos miraron la serpiente de bronce, sanaron. Este pasaje bíblico suele interpretarse como un presagio de la crucifixión de Jesús y la salvación ofrecida a través de la fe en él. Sin embargo, también se puede interpretar desde una perspectiva psicológica. Darle una interpreta- ción psicológica no significa rechazar las verdades de la fe, sino entender cómo este pasaje se hace presente en nues- tra vida cotidiana, especialmente cuando naufragamos en el océano de la vida y nos sentimos lejos de Dios. La valentía de mirar lo difícil Desde el punto de vista psicológico, ¿qué nos dice la historia de la serpiente de bronce? En pocas palabras, esta historia bíblica es una poderosa metáfora sobre enfrentar y superar nuestros mayores miedos. Se puede considerar a la serpiente en el asta como símbolo de lo que más tememos —en este caso, las serpientes venenosas— y que el acto de mirarlo, en lugar de evitarlo, nos dará sanación. Es decir, Dios no hizo desaparecer a las serpientes venenosas, sino que mandó a los israelitas a mirar lo que los había mordido para poder sanar. De forma similar, esta dinámica es el mismo proceso de sanación que se vive en terapia. Uno de los principios fundamentales de la psicología es enfrentar los miedos para superarlos, y que la valentía es un remedio más eficaz que la evasión. San Juan de la Cruz solía decir: "Para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres". En otras palabras, a veces debemos hacer lo que más nos cuesta. Si tomamos esta enseñanza junto con la historia de la serpiente de bronce, ¿qué concluimos? Que Dios nos provee muchas herramientas para buscar la sanación. Claro, lo más esencial es la gracia de Dios a través de los sacramentos, como nos enseña la Iglesia. Pero también la psicología puede ser otro medio por el cual Dios obra. Jesús mismo dijo: "No todo el que me diga: 'Señor, Señor', entrará en el Reino de los Cielos" (Mateo 7, 21). A veces queremos que Dios actúe conforme a nuestros deseos, pero muchas veces él, como con los israelitas, nos invita a enfrentar lo más difícil. Lo que nos detiene a menudo no es la falta de fe, sino la falta de conocimiento, de recursos, o el orgullo que impide pedir ayuda. 6

