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OCTUBRE-NOVIEMBRE 2025 | EL PUEBLO CATÓLICO 14 Un sacerdote puede ayudarte a ver la luz del evangelio. Un terapeuta católico puede ayu- darte a quitar los escombros que no te dejan ver esa luz. La diferencia entre la terapia católica y la secular está en esa integración. Como consejera católica, creo firmemente que somos cuerpo, mente y alma. Eso significa que, además de trabajar con estrategias de afrontamiento y cambios de pensamiento, también se abre un espacio para integrar la fe, la oración, los sacra- mentos y la enseñanza de la Iglesia. Nuestra fe no se deja fuera de la sala de terapia: es parte central de nuestra identidad. La terapia secular puede decir: "Tú importas por lo que logras o por cómo piensas de ti mismo". La terapia católica afirma: "Tú importas porque eres hijo de Dios, amado incondicionalmente". Este fundamento cambia por completo la manera en que una persona se entiende y sana. Mientras la terapia secular se enfoca en la mente, los pen- samientos y la conducta, ayudando a resolver problemas prácticos y emocionales desde una perspectiva humana y científica, la terapia cató- lica, sin dejar de lado la psicología y la ciencia, integra también la dimensión espiritual. También comprendo lo que significa ser parte de una familia hispana. La culpa, la expec- tativa de ser fuerte, el "qué dirán", el papel de la mujer como cuidadora, el machismo, la devoción profunda… todo esto forma parte del corazón hispano y debe abordarse con respeto y comprensión. He visto personas transformarse a través de la terapia. Personas que llegaron sin esperanza y que, poco a poco, con la gracia de Dios y el tra- bajo interior, volvieron a reír, a amar y a soñar. Quizá tú también estás leyendo esto y algo en tu interior se identifica. Tal vez hay heridas que nunca contaste, emociones que te abruman o simplemente un deseo de vivir con más paz. No estás solo. No estás sola. Y no tienes que cargarlo todo en silencio. Dios quiere tu sanación completa. A veces esa sanación llega a través de la oración, y otras veces, a través de la terapia. Tú importas porque eres hijo de Dios, amado incondicionalmente".

