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4 AGOSTO-SEPTIEMBRE 2025 | EL PUEBLO CATÓLICO resonó profundamente en mí porque experimentaba mucha inquietud en muchas áreas de mi vida. A través de san Agustín, Jesús me invitó a una manera de relacionarme con Dios. Me mostró que mi inquietud era conse- cuencia de no descansar en él, de no permanecer en él. La imagen de la vid en Juan 15 se volvió muy importante para mí en ese momento porque iluminó una nueva forma de vida y una manera de enfrentar mi inquietud. Hasta el día de hoy, el misterio de permanecer y descansar en Cristo sigue desa- rrollándose en mi vida. Me ayuda a responder y enfrentar las tentaciones, las dificultades de la vida y el caos del mundo. Cuando no se da fruto, debo preguntarme: "¿Dónde no estoy per- maneciendo en Jesús? ¿Dónde desea el Padre podarme?". Como mencioné antes, la con- versión sigue profundizándose a lo largo de toda nuestra vida. Para demostrarlo, quiero compartir un don increíble de gracia que recibí como obispo. En el 2004, hice mi primer retiro de silencio de 30 días. Había estado creciendo en la práctica de la espiritualidad ignaciana, participando en varios retiros de ocho días donde experimenté los ejercicios espiritua- les. Este retiro fue una fuente abun- dante de gracia y una conversión más profunda. A través de los ejercicios, experimenté una nueva profundidad en mi relación con el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo y María. Una gracia se convirtió en el tema central del retiro y ha permanecido conmigo desde entonces. El tema es la entrega. Al principio del retiro, decidí ir a una nevería. Mientras esperaba en la fila, escuché una conversación intensa que una pareja joven tenía. Para mi sorpresa, estaban hablando de la Eucaristía. La mujer preguntaba a su pareja sobre la adoración, y el joven testificaba sobre el poder y el benefi- cio de pasar tiempo ante el Señor. Con curiosidad, seguí escuchando para ver cómo se desarrollaba la conversación. En un momento, el hombre com- partió que él y sus amigos iban en silencio a la adoración para prepa- rarse. Sorprendida, la mujer preguntó: "¿Por qué harías eso?". Él respondió: "Porque vamos a encontrarnos con el Señor, y debemos estar preparados para entregarnos a él. Todo está en la entrega de nosotros mismos a él". El Espíritu Santo me animó con esas palabras. Sentí un profundo júbilo y gratitud por el joven y espe- ranza por la pareja. Tuve una concien- cia profunda de mi dependencia de Dios y de la necesidad de entregarme por completo a su plan y providencia. La gracia de la entrega llenó el resto de mi retiro y, de muchas maneras, sigue caracterizando el corazón de mi ministerio como obispo. "Todo está en la entrega" resuena en mi corazón. Estoy muy agradecido con Dios por estos momentos de conversión. En cada uno, él me dio exactamente lo que necesitaba para acercarme más a él. En cada conversión a la que Jesús nos llama, él nos cambia y nos impulsa hacia nuestro hogar celestial. La gracia que recibimos no queda en el pasado, sino que sigue desplegándose. Para mí, predico regularmente y animo a otros con Juan 8, 31-32. La imagen de la vid, Juan 15, que se volvió muy importante para mí a lo largo de los años, es la imagen clave para entender la misión de la Arquidiócesis de Denver. El llamado a la entrega ha sido el tema de notas pastorales, reti- ros, la tarjeta de oración de la novena de la entrega enviada a todas las parro- quias y muchas otras iniciativas que han sido fuentes de gracia durante mi tiempo como obispo. La conversión es un camino de toda la vida, y la gracia inagotable de Dios sigue desplegándose y creciendo a medida que seguimos diciendo sí a Jesús. Por gracia y por el amor eterno de la Trinidad, nuestros corazones descansan en Jesús y clamamos con san Pablo con toda humildad y asom- bro: "Estoy crucificado con Cristo: yo ya no vivo, pero Cristo vive en mí" (Gálatas 2, 20). Digo con plena convicción: mi vida es un puro don, y el Señor ha sido generoso conmigo". ARZOBISPO SAMUEL J. AQUILA

