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del presbiterio arquidiocesano pro- viene de comunidades religiosas, sacerdotes visitantes o sacerdotes que han llegado a la arquidiócesis de Denver desde otros lugares. "Dado que solo el 14% de los sacerdotes activos en la arquidió- cesis son nacidos en Colorado, la iglesia de Denver se ve bendecida por las vocaciones provenientes de países extranjeros y de otros luga- res de Estados Unidos para servir aquí y ayudar a otros a encontrar a Cristo", dijo el arzobispo de Denver, Samuel J. Aquila. "Muchos vienen de otros estados para compensar nuestra escasez de vocaciones, y en este sentido, ahora vivimos en territorio de misión y dependemos profundamente de sacerdotes de otras partes del país y del mundo. Muchos se incardi- nan en la arquidió- cesis por su amor a Cristo y a los fieles a los que sirven aquí, ya sea en las llanu- ras, las montañas o en el corredor de la I-25". Incluso con estos sacerdotes adicionales, el 37% de las parro- quias arquidiocesanas son atendi- das por un solo sacerdote, una rea- lidad que dista mucho de ser ideal, ya que las exigencias de atender con tanta intensidad a toda una comunidad parroquial pueden recaer sobre una sola persona. Y la necesidad es aún más en la comunidad hispana, con alrede- dor de 40% de iglesias y misiones arquidiocesanas que ofrecen Misas en español regularmente, lo que requiere más sacerdotes que domi- nan el idioma y conocen la cultura y sus costumbres. Por esta razón, el pasado mes de mayo la arquidiócesis lanzó la campaña "Llamados por su nombre" en parroquias del norte de Colorado, con el objetivo de fomentar una cultura "donde los jóvenes estén abiertos a la vocación sacerdotal, pero también donde los laicos estén dispuestos a invitar a los jóvenes y las familias estén dispuestas a permitir que sus hijos consideren el sacerdo- cio y a animarlos", explicó el padre Jason Wallace, director de vocaciones arquidiocesano. "Si creamos la cultura adecuada, todos lo tendrán presente". Incluso con una cultura así, la Iglesia necesita cientos de hom- bres valientes que respondan al llamado de Dios a la caridad, es decir, al amor a él, del que brota el amor al prójimo y el amor a la Igle- sia que él fundó. "Lo más importante es que todos tengamos una relación personal con la Trinidad. Esa es nuestra prio- ridad número uno: cada seminarista y cada sacerdote tiene el amor de Dios en el centro de su vida. A partir de ahí, amamos lo que Dios ama, que son todas las almas. Es la virtud de la caridad: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo por amor a Dios", dijo el padre Jason. "Un sacerdote vive el manda- miento del amor en el ejercicio de la caridad pastoral", añadió el padre Ángel Pérez-López, rector del seminario St. John Vianney en Denver. "La caridad pastoral no es pastoral simplemente porque se dirige a las ovejas. Es pastoral porque se trata de una profunda configuración con Cristo, el Buen Pastor, que ama a sus ovejas en Dios, para Dios y por Dios". Ardiendo con esa caridad pas- toral que inflama el corazón de Cristo, el sacerdote —y aquellos hombres llamados a ser sacer- dotes— sirve al pueblo de Dios, la Iglesia, con todo lo que tiene. "Como padres, damos la vida por nuestra familia. Los protegemos; proveemos para ellos. Obviamente, lo hacemos de una manera un poco diferente a la familia nuclear, pero, aun así, seguimos siendo padres", 148 El número total de sacerdotes arquidiocesanos activos en el ministerio La arquidiócesis de Denver cuenta con sacerdotes dedicados y santos que sirven con esmero a sus feligreses. Pero la cosecha es abundante y los obreros son pocos: ¡cada sacerdote atiende actualmente a 4,054 católicos! Depender únicamente de los sacerdotes arquidiocesanos nos dejaría con 148 sacerdotes, insuficientes para cubrir todas nuestras parroquias. 49% Porcentaje del presbiterado ordenado para la arquidiócesis de Denver LA NECESIDAD EN NÚMEROS 5 EL PUEBLO CATÓLICO | JUNIO-JULIO 2025 El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús". SAN JUAN MARÍA VIANNEY ⊲

