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Todo esto podría parecer insignificante, que la bús- queda de parroquias es solo una parte del panorama moderno. Sin embargo, el peligro radica en que nuestras parroquias ya no son estables, ya no son lugares donde las personas se conocen, rezan juntas, tienen conflictos y se perdonan. Más bien, se convierten en un reflejo de nuestra cultura transitoria y descartable. Célebremente, san Basilio amonestó a sus monjes sobre la importancia de vivir con los demás: "¿Cómo podrás mostrar humildad si no tienes a nadie con quien humillarte? ¿Cómo podrás mostrar compasión si te aíslas de la comunidad? ¿Cómo podrás ejercitarte en la paciencia si nadie contradice tus deseos? Si crees que la enseñanza de las Sagradas Escrituras basta para corregir tu carácter, eres como quien aprende la teoría de la carpin- tería, pero nunca construye nada. [Si descuidas la vida en comunidad], ¿a quién lavarás los pies? ¿A quién cuidarás? ¿En comparación con quién serás el último?" 8 . San Pablo y san Basilio se preocupan por construir cosas: en nuestra cita de san Pablo, la Iglesia; en san Basilio, la santidad cristiana. El consumismo socava la búsqueda de ambos objetivos. Las relaciones difíciles se pueden descartar, los ministerios mediocres no necesitan ser renovados, y no necesitamos crecer en paciencia, valentía o misericordia porque nunca hemos echado raíces o pode- mos dejar de lado las relaciones reales por algo más fácil. 8 Basilio el Grande, Reglas largas para monjes, pregunta 7. 9 Mateo 5, 13-14 Podemos trasladarnos de la parroquia "sal de la tierra" a la "luz del mundo" 9 . De igual manera, hoy en día algunos optan por sustituir la vida parroquial por la pertenencia a un apostolado o grupo espiritual, reduciendo las parroquias a simples paradas para los sacramentos. Los apostolados y otros grupos son necesarios, pero simplemente no pueden reemplazar el papel esencial de la parroquia; no pueden ser el centro principal del culto y la vida cristiana. Uno de mis profesores sacerdotes en el seminario solía hablar de la entropía como la realidad normativa de la vida terrenal: matrimonios rotos, amistades distantes, Pablo y Bernabé se separan; era un poco pesimista. Este sacer- dote enfatizaba que siempre que se encuentra una unidad duradera, no es humana, sino divina. Es comprensible que las personas acudan a parroquias donde se sienten como en casa, y también que diferentes momentos de la vida ocasionen el traslado a otra parroquia: una familia que crece, la matriculación de los niños en una escuela, el des- cubrimiento de una parroquia que vale la pena construir e invertir. Existen razones legítimas para cambiar de parroquia, pero debemos preguntarnos: ¿Estoy dispuesto a construir, a invertir incluso cuando las cosas no son perfectas? ¿Estoy fortaleciendo mi comunidad de peregrinos? ¿Estoy luchando contra la entropía o simplemente me he convertido en un con- sumidor más? 22 JUNIO-JULIO 2025 | EL PUEBLO CATÓLICO

