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2025_EPC_Febrero-Marzo

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12 FEBRERO-MARZO 2025 | EL PUEBLO CATÓLICO El cón (PENSAMIENTOS, SENTIMIENTOS Y DESEOS) Experimentamos y navegamos todo en la vida con nuestra mente y nuestro corazón. La mente puede ser fácil de entender; analiza, evalúa e informa. El corazón es un poco más complicado. Cuando decimos cora- zón, nos referimos, en general, a nues- tros pensamientos, sentimientos y deseos. Cuando oramos, el corazón es el lugar donde escuchamos a Dios. Si estás orando con una historia de las escrituras, mientras la lees y reflexionas, ¿qué se mueve en tu cora- zón? ¿Qué pensamientos, sentimien- tos o deseos te llegan mientras oras? La mayoría de nosotros experimen- tamos estos sentimientos, pero gene- ralmente no los reconocemos porque asumimos que vienen de nosotros y no de Dios. Si bien los pensamientos, sentimientos y deseos que experi- mentamos muchas veces provienen de nosotros, el corazón también es un lugar natural desde el cual Dios puede hablar porque, mediante la morada del Espíritu Santo, Dios ha hecho su hogar en nuestros corazones. Debemos espe- rar que él hable desde allí en lugar de escuchar una voz desde afuera. Cuando reconocemos un pensa- miento, sentimiento o deseo, nuestro siguiente paso debe ser contárselo a Dios. Contarle qué nos hizo pensar, sentir o desear algo en las escrituras. Contarle sobre la línea de pensa- miento que nos llevó a eso. Darle nuestro análisis personal de por qué surgió el pensamiento, sentimiento o deseo. ¡Cuéntale todo! ¿Por qué le decimos esto a Dios? Porque sería incómodo y descortés no reconocer lo que alguien ha dicho si estamos con- versando con él y, después de todo, la oración es una conversación con Dios y las escrituras son su Palabra. Es aún más irrespetuoso tratar de llevar la conversación a otra cosa como si la otra persona no hubiera dicho nada. Si hablamos con Dios sobre lo que ha puesto en nuestros corazones, es probable que responda de la misma manera que la primera vez: en pen- samientos, sentimientos y deseos. Cuando tenemos el hábito de prestar atención a los movimientos de Dios en nuestros corazones, podemos recurrir a otras fuentes de gracia y recibir aún más de Dios. LAS SAGRADAS ESCRITURAS Y LOS SACRAMENTOS Dios nos habla principalmente a través de las Sagradas Escrituras y los sacramentos. En estos dos lugares, aprendemos las palabras, los caminos y el corazón de Dios. Aprendemos todo lo que necesitamos saber sobre Dios a través de estas dos fuentes. Cuanto más nos familiarizamos con las Sagradas Escrituras y los sacra- mentos, más escuchamos, vemos, percibimos y nos asociamos con Dios en todas partes. Debido a que la Biblia es la palabra de Dios, él habla en y a través de las palabras de las Sagradas Escrituras. En la Carta a los Hebreos leemos: "Pues viva es la palabra de Dios y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta la división entre alma y espíritu, articulaciones y medulas; y discierne sentimientos y pensamientos del corazón" (Hebreos 4, 12). Es una expe- riencia común para los cristianos, y para los que pronto serán cristianos, tomar la Biblia y leer algo que les habló directamente o algo que necesi- tan escuchar en ese momento. Más allá de los encuentros casuales con la Palabra de Dios, la Iglesia nos ofrece un orden deliberado de recep- ción y meditación de la Palabra de Dios en el leccionario (las lecturas de la Misa) y el oficio de lecturas de la litur- gia de las horas. La Iglesia ha organi- zado estas lecturas en un ciclo y, en mi experiencia, sirven casi como un mapa que nos ayuda a transitar la vida espi- ritual. Cuando oramos regularmente con estas lecturas, descubrimos que el mensaje que recibimos en la ora- ción no solo es relevante para nuestro momento presente, sino que se basa en una narrativa más amplia escrita a lo largo de nuestras vidas. El otro lugar increíblemente pro- fundo donde encontramos a Dios hablando es en los sacramentos. Los rituales mismos intentan comunicar lo que Dios está haciendo y diciendo en el sacramento. A veces, puede ser difícil prestar atención a las palabras y gestos de la liturgia, o los hemos escuchado tantas veces en la Misa que se han convertido en rutina. Sin embargo, al igual que el leccionario, las oraciones y las palabras de la Misa están adaptadas a cada día del año litúrgico y nos guían a lo largo de la vida espiritual. Comenzdo en el hog:

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