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A medida que avanzamos en este proceso de discernimiento sino- dal y pedimos al Espíritu Santo que nos comunique qué quiere hacer en la arquidiócesis de Denver, es importante tener cierta claridad sobre la misión de estas diferentes áreas de la Iglesia, pues esto nos prepara para oír su respuesta. La historia de la Iglesia demuestra que nada es imposible si estamos dispuestos a confiar en el Padre. ¿De qué otra manera hubieran unos simples pescadores de Galilea cambiado el mundo y entregado sus vidas por la fe? Dios nos ha creado para este tiempo, y si confiamos en él y pedimos su gracia, lo imposible se hará realidad. MISIÓN DE LA PARROQUIA La misión de la parroquia está directamente ligada a la misión de la Iglesia, ya que lleva la misión de rescate de Jesús a las comunidades locales. Mientras que la misión central es la misma en cualquier parroquia, la manera en que se lleva a cabo varía, debido a la dife- rencia de necesidades loca- les, talentos y culturas. Para usar una analogía, la parroquia es como como una embajada en territorio extranjero. Al entrar, debe ser evidente que es un lugar dife- rente y que las personas ahí son diferentes. Tal como una embajada, esta base no está sujeta a las reglas del país en el que se encuentra, y mien- tras uno está en ella, no puede ser detenido por ese país. En este contexto, el país extranjero en el que vivimos es el mundo, y el gobernante es Satanás. Pero uno puede desertar y dejar de estar sujeto al poder del pecado y la muerte. Las parroquias están llamadas a ser estas embajadas del Reino de Dios y extender la ciudadanía y la libertad al mayor número de personas posible. MISIÓN DEL DISCÍPULO Un discípulo es un estu- diante al que se le confía transmitir el modo de vida y las enseñanzas de su maes- tro. En la vida cristiana, esto significa encontrarse con Jesús, experimentarlo de una manera personal y aceptarlo como nuestro Señor, con- fiando en él y permitiendo que dirija nuestras vidas. La misión del discípulo consiste en ser santo. Este proceso comienza con nuestro bau- tismo, cuando nos hacemos hijos del Padre a través de Jesús, y es sustentado por los sacramentos, sobre todo la Eucaristía y la confesión. Aunque el camino varía según los dones que Dios nos ha dado y el llamado que nos ha hecho, cada persona ha recibido la tarea de llevar la reconciliación, sanación y libertad de Jesús a otros. MISIÓN DE LA FAMILIA Para muchas personas, la familia es el lugar prin- cipal en el que sirven como discípulos. Es el lugar en el que ofrecen el don de ellos mismos a su esposo o esposa, hijos, hermanos y padres. De hecho, san Juan Pablo II llamó a la familia "la célula fundamental de la sociedad, cuna de la vida y del amor en la que el hombre 'nace' y 'crece'" (Christifidelis Laici, 40). No tendremos la fuerza para amar desinteresada- mente a nuestras familias, nuestra parroquia, nuestros vecinos o nuestros enemigos a menos que reconozcamos nuestra dependencia de Dios y su amor y permitamos que él nos sostenga. MISIÓN DE LAS ESCUELAS CATÓLICAS Cualquier discusión sobre las escuelas católicas debe comenzar con el hecho de que los padres son los prime- ros educadores de los hijos y, por lo tanto, de que tienen la responsabilidad de formarlos en la fe. De hecho, las escue- las que mejor desempeñan su labor son aquellas en que los padres ponen los cimien- tos espirituales y los maestros edifican sobre ellos. La misión de una escuela católica consiste en guiar a los niños y jóvenes a Jesús, en ayudarlos a madurar en su fe y prepararlos para compartirla con el mundo. Es decir, que, aunque los estudios académicos y los deportes forman parte de la educación de los alum- nos, no son el aspecto más importante de esta. E L P U E B L O C A T Ó L I C O | 3

