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22 | A B R I L - M A Y O 2 0 2 2 VIDA Y MISIÓN "DIOS ME LLAMÓ A CONFIAR EN ÉL Y SER MISIONERO" P O R R O C I O M A D E R A C omo muchos inmigrantes, los padres de Emilio Rivera, misionero de Christ in the City (Cristo en la Ciudad), se mudaron de Ecuador a los Estados Unidos cuando él era muy pequeño. En este país, Emilio no solo ha podido obtener una buena educación, sino que también ha tenido la oportunidad de crecer en la fe como quizá nunca se lo imaginó. Ahora, como misionero en la ciudad de Denver, nos cuenta sobre su experiencia en este bello ministerio que brinda amor a los más vulnerables. Cuéntanos un poco sobre ti. Emilio: Nací en Quito, Ecuador, pero he vivido prácticamente toda mi vida en los Estados Unidos en un ambiente católico. Aun así, fue difícil para mí mantener una fe viva. Pero todo se aclaró cuando en un retiro me di cuenta de que tenía un vacío que solo Dios podía llenar. Ahí sentí el amor y el perdón de Dios, y solo deseaba decirle "sí" a Jesús de cualquier modo. Después del retiro, conocí a una comunidad católica en la universidad y a través de ella a Christ in the City. ¿Qué es Christ in the City? Emilio: Christ in the City es un programa de formación cató- lica que prepara a los jóvenes a vivir una fe real en medio de este mundo roto y herido. Nos gusta decir que nos prepara para ser misioneros de por vida, que después de un año o dos podemos poner en práctica lo que hemos aprendido en cual- quier vocación o comunidad que encontremos. Ciertamente, en el exterior vemos que el trabajo que realizamos con los pobres es buenísimo, pero el trabajo humano que llevamos a cabo gracias a la profunda formación que recibimos es lo que las personas no ven. El trabajo con los pobres no sería posible sin este encuentro con Dios y con los demás. ¿Qué te inspiró a ser misionero? Emilio: En enero del 2020, tenía que decidir qué hacer con mi vida, ya que estaba a unos meses de graduarme de la uni- versidad. Envié solicitudes a muchos trabajos de ingeniería, pero ninguna compañía me respondió. Esto me hizo sentir culpable porque quería ayudar a mis papás económicamente después de graduarme. Pero mi familia afirmó mis deseos y me ayudó a ver que quizá me tocaba hacer algo diferente. En ese momento, por primera vez, se asomó el deseo de ser un misionero. Aprender más sobre la formación y vida en comu- nidad que Christ in the City ofrecía fue para mí una oración cumplida. 22 | A B R I L - M A Y O 2 0 2 2

