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Jesús me espera en cada misa, en cada iglesia. Él mismo dijo a sus apóstoles: "Este es mi cuerpo, esta es mi sangre… tomen y coman". No lo dijo como una simple metá- fora. Él mismo dejó que muchos seguidores lo rechazaran cuando insistió: "mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida" (Jn 6,55). "Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no anda- ban con él" (Jn 6,66) porque querían solo creer sus palabras en sentido figurado y él insistió que no era así. Y les dio a sus discípu- los el poder de hacerlo en su persona: "Hagan esto en conmemoración mía" (Lc 22,19). Esta creencia no es un invento de los cató- licos. Los primeros cristianos lo tenían claro, como vemos en las cartas de San Ignacio de Antioquía por el año 100, quien reprendía a los que no aceptaban lo que habían recibido de los apóstoles: "Se abstienen de la Eucaris- tía y de la oración porque no reconocen que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo" (Carta a la iglesia de Esmirna, 6). Así que Jesús está presente en la hostia consagrada, en la Eucaristía. Si tienes dudas sobre la verdadera presencia de Jesús en la Eucaristía, seas católico o no, ve a una iglesia a solas, donde siempre habrá una vela roja anunciando su presencia en el sagrario, y ruégale: "Señor, ¿eres tú? Si no estás ahí, muéstramelo, si sí estás, dame fe. Solo quiero saber la verdad". Si eres practicante, haz el intento de pasar tiempo frente al Santísimo cada semana. Porque Jesús está verdaderamente presente en la Eucaristía 03 mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida". JUAN 6, 55 10 | A G O S T O - S E T I E M B R E 2 0 1 9 TEMA DE PORTADA "

